sábado, 11 de mayo de 2013

EL Pítano, más cerca de su extinción en Madrid





        Hace unos cuantos años hice una fantástica ruta  organizada por ARBA con amigos botánicos y arqueólogos. Partíamos de la Casa de la Monta en Aranjuez hasta el castillo de Oreja, allí los expertos arqueólogos nos mostraron y explicaron todo lo relacionado con el castillo de Oreja y los tiempos musulmanes de esta zona. El castillo imponente pero como de costumbre en España, en un estado de conservación totalmente deplorable.
  


            Al poco de ver la histórica Casa de la Monta en la finca de  Sotomayor, a mediados de abril, me fijé en que las laderas yesosas que daban a la llanura aluvial del Tajo, estaban llenas de unos arbustos tan llenos de flores amarillas que no se veía nada más de ellos. Le comenté a Andrés Revilla que era la primera vez que veía esos escobones de retama negra (Cytisus scoparius) en toda la zona del sureste de Madrid; se sonrió y me dijo que no eran escobas sino pítanos, Vella pseudocytisus y que se trataba de la localidad clásica y más importante de todo el centro peninsular. Desde entonces en que lo vi en plena floración, me ha parecido la planta más llamativa de todas las que viven sobre los yesos y también podría ser la más representativa de ellos, de no ser por su extrema escasez.
  


            El pítano es una planta muy especial y lo que la hace tan especial, no es precisamente su estatus de planta en peligro de extinción, sino sus características y peculiaridades. Pertenece a la familia de la Crucíferas o Brasicáceas, plantas casi siempre herbáceas con unas características flores de cuatro pétalos en forma de cruz. Es la familia de los jaramagos, coles, etccéter, esta planta es la mayor especie española de las escasísimas plantas leñosas de esa familia. Las crucíferas leñosas ibéricas pertenecen a tres géneros: Vella, Euzomodendron y Boleum. Del género Vella hay tres especies, una exclusiva de las cercanías de Alicante (Vella lucentina), otra el piorno de crucetillas (Vella spinosa) que hace honor a su nombre específico y  es propia de las sierras subbéticas y finalmente Vella pseudocitysus, el pítano.
  

            Euzomodendrón bourgeanum y Boleum asperum, únicas especies de sus géneros, no llegan al medio metro, la primera está especialmente adaptada a la zona subdesértica de Almería (desierto de Tabernes) y el asperillo, Boleum asperum a lo más árido de la baja cuenca del Ebro. Vella pseudocitysus tiene dos subespecies peninsulares y una norteafricana. Está la subespecie psedocitysus de la zona margo-yesífera del límite toledano-madrileño, con una población mínima al norte de Almería, y la subespecie paui de menor tamaño y menos híspida, del Bajo Aragón, también bajo mínimos. 


            El estado actual de esta especie  es lamentable, su potencialidad se extendería a todas las áreas margo-yesíferas españolas de interior de carácter semi-árido, es decir, casi todo: la baja cuenca del Tajo, la del Ebro y las “hoyas” de Andalucía oriental. El declive del pítano se ha debido a la mecanización agraria de los campos, a las repoblaciones forestales con pino carrasco, a la expansión de las urbanizaciones (legales e ilegales) y a las grandes infraestructuras de transporte.  De tal manera que el área actual manchego de la especie (el sur de Madrid también es la Mancha) se limita a unos 20km2 y con escasa regeneración.
         A pesar de que para germinar necesite primaveras relativamente húmedas y de un gradual paso térmico al verano, lo que ocurre muy pocas veces en nuestro país, es una planta relativamente fácil de repoblar. A las escasas repoblaciones institucionales, se le unen algunas introducciones (¿ilegales?) de personas y grupos concienciados del valor y belleza de esta planta que crece en unas condiciones excepcionalmente duras como son las existentes sobre los yesos.


             Los yesos suponen por muchas razones (salinidad, sulfatos, escasísima retención de agua, ausencia de materia orgánica, etc.), uno de los medios físicos más inhóspitos para las plantas. Por esto es muy difícil que una vez perdidas las condiciones forestales que neutralizan esta fuerte influencia del sustrato, se puedan volver a recuperar. En el mejor de los casos se puede apreciar en el aljezar, una mezcla de encinas con espartos y toda la gama de arbustos y matas intermedias; pero lo normal es que veamos un espartal o tomillar gipsícola con muy escasa cobertura y un medio ecológico característico de los yesos como es la “costra”, un espeso tapiz liquénico que recubre el escasísimo suelo.
  

            En estos parajes y paisajes desolados es donde medra el pítano que con su tamaño de hasta metro y medio, destaca sobre el clásico jabunal de los yesos. Solamente viendo sus hojas coriáceo-crasuláceas, semejantes a pequeñas palas de chumbera cubiertas con pelos dispersos, se hace uno a la idea de la enorme especialización botánica a un medio ecológico tan adverso. La propagación de las semillas se hace por dispersión balística al estallar la parte inferior del fruto.
  


            Como ocurre cuando existen tan pocas poblaciones para estudiar la ecología de una planta, las características y formas de una localidad se le aplican a la especie como si fuese su óptimo ecológico y se puede leer en la bibliografía que habita la parte baja de laderas de umbría y que rehuye la convivencia con otras plantas especialistas de los yesos. Tras observar varias poblaciones, he podido ver que va bien, incluso tiene mayores índices de propagación, en solanas compartiendo o solapándose con clásicas especies gipsícolas con especial afinidad por la jabuna, Gypsophylla struthium.
  


            La situación del pítano es muy delicada, si en Castilla la Mancha está catalogada como en “Peligro Crítico de Extinción” en la Comunidad de Madrid, famosa por su riqueza y por el desprecio e ignorancia de sus grandes valores naturales, se la considera una especie “de interés especial” de la que ya solo queda la mencionada localidad. Como ocurre con la práctica totalidad de las muy especializadas plantas gipsícolas, el pítano tiene un insecto exclusivo que vive en él, Clepsis laetitiae.
  
Entre ellos encontré la que pensé era (por los pelos largos), la rarísima Clypeola eryocarpa pero es C. jonthlaspi

            Pero no contentos con que haya desaparecido del 99% de su antiguo areal, ahora ha surgido un estupendo proyecto que como viene siendo habitual, pretende hacer privada una finca pública, y no otra, sino la Dehesa de Sotomayor, la localidad clásica de esta especie, la única población madrileña y quizás la mayor y más densa de toda la península. El macro-proyecto que se cierne sobre la Dehesa de Sotomayor, es un sobre-dimensionado Centro Hípico con un gran centro turístico de cabañas de alto nivel y multitud de servicios accesorios, como embarcaderos, piscinas, campo de golf, centro social y aparcamientos...,  la versión ecuestre de Eurovegas. 

Ladera con abundante regeneración, cosa poco común con los pítanos silvestres.

            Las organizaciones ecologistas madrileñas ya se han puesto a la labor para que se reconozca el gran valor de esta finca que es de todos y plantean la escasa utilidad social de un proyecto elitista y especulativo que irremisiblemente, máxime conociendo a las autoridades madrileñas, acabaría con una gran parte de la finca y con la última población madrileña y un alto porcentaje de la población mundial de este extraordinario endemismo.
          Es una pena que el fruto de miles de años de evolución para conseguir el arbusto más bello y adaptado de nuestros aljezares, se vaya al traste por no saber cuidar y defender nuestro patrimonio natural.
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